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ENTREVISTA JOSE MADRAZO – WEATHERBY 2019

Pepe Madrazo es el ganador del Weatherby de este año, cuarenta y dos años después de que lo ganara por primera vez un español –Valentín de Madariaga, 1977– y diecinueve después del último español en conseguirlo –Enrique Zamácola (2000). Este premio, que representa por su prestigio para el mundo cinegético lo que los Oscar al cinematográfico o los Nobel, fue creado por el fabricante de armas y municiones Roy E. Weatherby en 1956 para reconocer cada año los méritos de un cazador de larga trayectoria, que hubiera conseguido muchos y variados trofeos en esforzadas cacerías realizadas en remotos lugares, siempre dentro de los más altos estándares de ética y deportividad, reforzando en las últimas décadas el aspecto conservacionista –que siempre ha estado presente–, por lo que ha pasado a denominarse Premio Weatherby Caza y Conservación. Para postularse a candidato es preciso ser invitado y después seleccionado por un comité junto a cinco candidatos más, con los que el ganador final competirá durante el siguiente año. En efecto, la carrera por el Weatherby es costosa, no solamente desde el punto de vista económico. Nunca el premiado lo ha conseguido en la primera convocatoria, estableciéndose el récord de intentos en nueve veces –Watson T. Yoshimoto, ganador finalmente en 1980–; y el número de especies con las que se puede tener posibilidades de ganar en la actualidad ha aumentado a unas cuatrocientas, que deben proceder además de los cinco continentes. José Madrazo ha conseguido este galardón, el único de los prestigiosos de caza mayor que le faltaba, en su octavo intento. Destaca su dedicación a la caza de montaña, con 185 cacerías en las que ha obtenido 106 trofeos, entre ellos 40 de carneros y 39 de cabras –todas las especies cazables– siendo el de corzuela parda (Mazama pandora) uno de los últimos en conseguir tras tres duros viajes a la península del Yucatán. Puede resultar difícil de entender para el profano que el coleccionismo de especies animales y la caza de trofeos puedan contribuir a la conservación de las mismas, pero siempre que se realicen bajo criterios de sostenibilidad así lo reconocen la comunidad científica y las instituciones internacionales de más prestigio en materia de fauna salvaje. Proyectos de conservación Por poner un ejemplo, en la foto aparece nuestro protagonista con un borrego cimarrón (Ovis canadensis nelsoni), especie que hace unos años se hallaba al borde de la extinción y que, gracias a proyectos de conservación financiados por organizaciones de cazadores como el SCI (Safari Club International), WSF (Wild Sheep Foundation) o GSCO (Grand Slam Club Ovis), se ha revertido esta situación. En su recuperación hay que citar a dos particulares promotores de una iniciativa privada, también ganadores del Weatherby, los mexicanos Adrián Sada (2001) y su hijo Federico Sada (2006), quienes, junto con la Organización de Vida Silvestre del Gobierno Mexicano, pusieron en marcha en 1995 uno de los proyectos de mayor éxito para la recuperación, conservación y estudio de esta especie, que financió los estudios y planes de conservación en Isla del Carmen (mar de Cortés, Baja California Sur), donde ha sido introducido satisfactoriamente. Un buen ejemplo de cómo los ingresos que genera la caza contribuyen de forma directa a la conservación de la vida salvaje.