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EN LOS MONTES TAURO

Paseando por Venatoria me reencuentro con mi amigo José Recio, su mujer Filo y Honorio Iglesias hablando con Bolka, el manager de Safari Tour.

José Recio ya había estado en dos ocasiones en Turquía, la primera con éxito cazando un Ibex muy bueno, de 120 cm aproximadamente. Le gustó tanto que volvió ese mismo año a buscar 2 ejemplares más. Uno para él y otro para su mujer, sin embargo, la climatología no les acompañó. A pesar de ello, José disparó a uno muy grande pero finalmente no consiguieron dar con él.

Filo, cuando puede y procura siempre poder, acompaña a su marido en sus aventuras de caza, algo que a Pepe le hace inmensamente feliz.
Filo es andaluza, con rasgos como las mujeres de Julio Romero de Torres, más “giralda” que “mezquita”, y que hace felices a muchos con su habilidad y sabiduría en el arte de la cocina. En esta ocasión quería y podía acompañar a Pepe, pero no debía. No porque le diese miedo la dureza de aquellas montañas, en que la soledad y el olvido son refugio de los Ibex de Bezoar, sino porque la llegada de su cuarto nieto, anunciada como realidad, ella, más madre que mujer sabía que su sitio estaba en Sevilla y que los montes Tauro quedaban demasiado lejos.Pepe pensó en nadie mejor que yo para reemplazar a Filo. Acepté encantado, con cierta preocupación porque mi operación de espalda estaba demasiado reciente y no quería ser objeto de preocupación, ni mucho menos estorbo, de quien con tanta pasión y precisión había organizado aquel viaje a Turquía.

Partíamos de Madrid, quedamos en el Duttyfree de la nueva Terminal. José venía de Sevilla y salimos a Estambul en un vuelo cómodo. Yo facturé a Adana y en Estambul nos esperaba una persona de la organización que nos hizo los delicados y complejos trámites de las armas. Hicimos el trasbordo para Adana, llegamos allí por la tarde-noche, faltó mi maleta. Nos esperaba Bolka y Mustafá con un todoterreno para llevarnos a las montañas Tauro. Nos comenta que si no nos importa establecernos en un hotel de carretera para estar más cerca de la zona de caza. Nosotros que veníamos a cazar accedimos sin ningún problema. Cenamos un huevo duro con queso y tomate… y nos fuimos a dormir. Entre José, Bolka y Mustafá me dejaron un poco de ropa, espero que no hiciera mucho frio.

A las cuatro de la mañana nos levantamos, mi suerte parecía que no acompañaba, la temperatura exterior era de 4ºC bajo cero. Salimos con el coche con un trayecto de dos horas, llegamos a un campamento donde aparecieron dos guardas-pastores de una cabaña y nos pusimos a andar en una montaña bastante abrupta durante una hora y media, alcanzando la cima donde divisaríamos un circo a nuestros pies. Hacía frío, el día estaba nublado y lloviznaba. Nos pusimos a mirar sin encontrar nada. Empezó a llover muy fuerte, yo ya pensé que llevaba la negra, pues mojados y con frío, tan solo vimos dos hembras.Por la tarde, el poco sol se escondía pronto, en aquellas montañas de pinos y abetos cerradas y duras. Recogimos el campamento y regresamos al hotel. Al día siguiente y tras dos horas de viaje volvimos donde teníamos visto un animal con andares de cansancio y sospechoso de ser un buen trofeo, con el problema de que la ausencia de nieve, por ser mes de mayo y la falta de celo, lo iban a hacer muy duro. A estas dificultades, lógicas en la caza, se añadían que mi maleta aún no había llegado, convirtiéndose por su necesidad en un gran problema.

El día siguiente fue más de lo mismo. No entendemos la paliza de coche, las dos horas andando, lo mejor una tienda de campaña y dormimos aquí en la montaña. El sitio era aburridísimo pero nos aseguraron que habían visto un animal en este circo. Unas montañas espectaculares, nos convencen y por tercera vez volvemos al mismo sitio. Cuando llevábamos andando por esas montañas tan duras durante horas, encontramos por fin tres animales. Miramos con los prismáticos, y estaban tan alejados que no los vimos bien. Mustafá nuestro experto, no quería que hiciéramos un rececho. Esta esperando que se acercasen más a nosotros, eso es como buscar una aguja en un pajar. Otro día perdido pero por lo menos habíamos avistado tres animales que al parecer uno de ellos era muy bueno. Nuestras esperanzas se derrumbaron, llegamos al motel deseando dormir y por fin mi maleta, mis botas, mi ropa, todo lo que añoraba en momentos tan duros bajo el cobijo de la montaña, habían aparecido. Creo que mi maleta trairía la buena suerte. Entre todos decidimos levantarnos a las 3:00 de la madrugada para llegar a las 7:30 al circo donde vimos ayer a los tres machos. Como íbamos muy entusiasmados llegamos media hora antes, nos asomamos con los primaticos y no vimos nada. Solo nos quedaba esperar.

A las 10:00 de la mañana Mustafá divisó un grupo tumbado en la montaña frente a nosotros, pero estaban a 600 m y los animales muy tranquilos. José propone hacer un rececho, Mustafá no es hombre de rececho pero José insiste y a regañadientes accedió. Nos dispusimos a dar la vuelta a la montaña y ponernos frente a ellos para poder hacer un disparo a unos 280 metros. Las bajadas fueron tremendas en esas montañas, percibo que en esta zona los animales mueren de viejos. Estos están en torada y en montañas inaccesibles, el celo y la nieve es un factor muy bueno para la caza, pero en esta época creo que es difícil y duro.

En tres horas nos pusimos a tiro, José se preparó con su rifle, los animales estaban tumbados, esperamos a que se movieran pero se mimetizan entre los pinares tan profundos, se levantaron los dos pequeños y se movieron cien metros más para arriba, el más grande tardó unos minutos en dar la cara. Se nos hicieron las horas eternas, por fin se levantó, pero solo le veíamos la cabeza y una cuerna. El animal era majestuoso y con un porte bellísimo. Se movió un segundo, José me preguntó, ¿es bueno? yo le dije, no te lo pienses y dispara, no me dejó ni encender la cámara de video, sonó un estruendo perpetuo en todo el valle, los otros dos subieron la montaña hasta desaparecer y el grande bajó todo el barranco haciendo ruido hasta que el silenció se hizo en la montaña.

Pregunté a José: ¿le has dado? ¡Si! Mustafá con esa cara inexpresiva de no decir nada, nos deja atónitos. Cogemos los bártulos y nos bajamos toda la montaña, la bajada fue de tres horas. Llegó Mustafá al animal el primero y se le oyó decir “very big”, José y yo tuvimos unos segundos de alegría hasta llegar al animal que cuando vimos el ejemplar nos dimos un emotivo abrazo. Ya por fin teníamos un Ibex, y buenísimo de 120 cm.Hicimos el trabajo de pre taxidermia, comimos algo y llego lo peor, veo que los guías y Mustafá empiezan a subir, estábamos abajo y no es lo mismo subir que bajar, pues entonces tuvimos que subir toda la montaña, llegamos cuando el sol perdía su fuerza y se escondía entre las montañas.

Esa noche dormimos como niños pequeños. Al día siguiente cambiamos de zona, en esta área ya estuvo José en el invierno, que tiró un Ibex muy grande pero no dieron con él. Y en esta misma área el año pasado cazaron el record del mundo de 146 cm un cazador americano.

Lo peor, estaba mucho más lejos y para acceder al valle solo podía ser por arriba, teníamos que andar durante 3 horas para acceder al sitio, ese lugar tenía las mejores vistas a un valle grandísimo pero creo que inaccesible. Ese día estuvimos mirando y vimos un grupo de 4 o 5 animales pero era complicado dar con ellos. Fue un día un poco aburrido pero la caza es así, era el sexto día en estas montañas, ¡y que montañas!

Volvimos para regresar al hotel y llegamos de noche al coche. Esa noche pinchamos en el barro. Pero todo estaba resuelto, aunque sin cenar y agotados, nos fuimos a la cama.

Ya el séptimo día cansados de estas montañas decide José bajar el valle recechando. Esperarle abajo, era un rececho de todo un día, Bolka y yo después de estar dirigiendo la operación, cogimos el coche y esperamos en el fondo de aquel valle tan grandioso.

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Al atardecer, con los prismáticos, vemos a Pepe y Mustafá con un Ibex en la espalda, José se había encontrado en ese majestuoso valle un Ibex impresionante, yo no había visto algo mayor, cogemos una cinta de mi mochila y no lo podíamos creer 151 cm. Que animal más impresionante, la cuerna estaba perfecta, yo calculé que ese animal había muerto este año. Mustafá dijo que era el que tiro José el pasado noviembre. Me dijo José que había cuatro huesos al lado del él pero todo comido. Nos hicimos unas fotos, con tanta emoción del Ibex que cuando bajaron vieron 3 animales pero Pepe no los quiso tirar porque de los 3 animales tan solo 1 no llegaba a 90 cm y viendo el pick-up todos se hacen pequeños. Yo con picaresca le dije a Pepe: haberle matado el pequeño y quitamos lo cuernos al grande encontrado y le ponemos los cuernos a este. José me contestó: a quien nos engañamos es a nosotros mismos.

Vamos a intentar llevarnos el trofeo porque este animal es digno de museo y exposición cazarle tiene merito pero encontrársele tiene más.

 

Nos llaman de España con una buena nueva noticia. Filo su mujer, nos dice que José ha sido abuelo por cuarta vez y que ha nacido su nieto Miguelillo, creemos que será un gran futuro cazador.

Vuelta a España, al día siguiente desde Adana, Estambul, Madrid, Sevilla. Una cacería exitosa, un trofeo de 120 cm y otro de 151 cm. Un record del mundo sin montaje.